¡Ah!… el vinilo. A los que tenemos unos años esa palabra nos resulta nostálgica, porque nos recuerda a los discos de música. Se llamaban elepés (LP, del inglés longplay). Sí, ya sé que si tienes menos de treinta años no tendrás ni idea de lo que hablo, y si tienes menos de veinte ni siquiera sabrás qué es un Cd (sí, eso que usan en las huertas atados con un cordel para espantar pájaros).

Detalle del vinilo de la Torre Eiffel

Pero el vinilo tuvo sus décadas de gloria: hasta entrados los 90, la música sólo se editaba en unos discos negros de vinilo más grandes que una fuente de ensalada, que se rallaban, hacían un ruido como de huevo frito, se pinchaban haciendo pulso con el dedo y no tenían avance rápido, ni repetición de canciones, ni reproducción aleatoria.

Con la llegada del Cd y luego del Mp3 el vinilo fue languideciendo hasta casi desaparecer… hasta ahora.

Vinilos floreados…

Como las cosas buenas nunca mueren, los vinilos se han reencarnado en pegatinas decorativas, y están aquí para llenar nuestros salones y habitaciones de color, luz e imaginación.

Las hay grandes para cubrir toda una pared; pequeñas para un rincón; infantiles para las habitaciones de los peques, juveniles para los adolescentes, y serias para los salones.

¿Tienes un trozo de pared aburrido? Pues ven a elegir con qué llenarlo.

Aquí os dejamos unas cuantas fotos.