¡Ah, qué tiempos aquellos en los que una iba a la compra con cualquier adefesio!

Ahora, elegir un carro de la compra es casi como irse de modelitos a Zara.

-¡Ay! Este carrito fucsia de charol me va divino de la muerte con los zapatos que llevé a la boda de Puri. Ya sabes, la cuñada de Pepi, la que tiene la casita allí, en…

-Ya lo pillo. No te enrolles, que te conozco. Mira: el que a mí me gusta es éste tan plateadito él, que vas con él y pareces un astronauta dando un paseíto en el Challenger ese.

-Pues nada. A mi, donde esté el de fotos de Nueva York, que se quiten los demás. Para algo se tiene que notar que una viaja, ¿no?

-¿Viajar tú? Hija, no fastidies, si lo más lejos que has ido es a por el pan… Nada. Yo me quedo con el de circulitos rosas. Tengo un vestido monísimo que es igualito. Me lo compré en aquella boutique tan mona, sabes, en…

Pues eso. Lo que os decimos. Que escoger un carrito de la compra ya no es como antes. Para gustos hay colores. Y colores tenéis aquí para hartaros. Aquí os ilustramos con unas cuantas imágenes para que veáis.

Los hay de dos ruedas, de tres (para que se puedan subir escaleras fácil y cómodamente), los hay térmicos para poder guardar las cosas congeladas y que no nos lleguen a casa chorreando, los hay grandes, los hay pequeños,  ¿qué más queréis?

Aquí va una pequeña muestra.