… de la puerta, claro.

Es lo que tiene estar colgado.

Que no das ni clavo. Ni clavo, ni martillo, ni chapa, ni nada.

Vamos: que cuando vas a colocar todo un señor espejo en la pared, normalmente vas a por todo el bricolage: tacos, escarpias, tornillos, taladros, destornilladores, cualgafáciles y demás parafernalia.

Pues de eso nada. Todo eso te lo guardas. (Lo sentimos, Bricomanía).

Lo único que necesitas para colocar este espejo son dos cosas: una puerta, y a tí misma para admirarte y decirle aquello de “espejito espejito, ¿quién de esta casa es la más bonita?”

Sobre lo que te conteste el espejo no garantizamos nada, que luego llegan las reclamaciones. Pero que el espejo te va a quedar de un relumbrón que lo flipas, eso sí que te lo aseguramos.

Y colores, fíjate: no me digas que tienes la habitación de un color que no te haga juego, porque me da un pasmo.

El mecanismo es muy sencillo, y te lo explicamos en las fotos. El espejo trae unos ganchos que se ajustan a la parte trasera. Estos ganchos van puestos encima de la puerta, y ya lo tienes. Si tienes puerta, tienes espejo.

Así que si tienes puertas y se te han acabado las paredes, no renuncies al espejo. El precio no te lo decimos porque el último que se enteró le dio un esguince de mandíbula de la risa y tuvimos que llevarlo a urgencias, pero te damos una pista: vale más de 18,89 pero menos de 18,91 euretes.

¡Ah! y si te da la gana de colgarlo de la pared como toda la vida se ha hecho con los espejos, también se puede ¿eh?. Por polivalencia que no sea.

Aquí os quedan fotos por si queréis ampliar.