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“¡Españoles!: el espumillón ha muerto. ¡Viva la cinta!”

Tras tan estremecedor mensaje, que nos ha dejado a todos temblando de emoción, retomamos la conexión, para, sobrecogidos, continuar explicándoos las nuevas corrientes de la decoración navideña.

Sí, amigos, es cierto. El espumillón ha muerto. Derramemos una candorosa lágrima en su honor, y dediquémosle unos segundos de emocionado recuerdo, desde aquellos años en los que esa cinta irisada, recortada y multicolor dominaba con mano de hierro los hogares navideños de los años 60 y 70.

Al principio eran finitas, doradas y plateadas. Pronto las hubo rojas, azules, verdes y amarillas, después con puntas blancas, gordas, finas, con recortes, y más tarde casi de cualquier forma imaginable.

No sólo decoraban los árboles: servían como marco a los marcos de los cuadros (verlo en Cúentame), para los dinteles de las puertas, para las paredes de los pasillos, y no se ponían en la bañera, porque… ¿o sí se ponían?

El espumillón ejerció durante décadas su ominosa tiranía, pero como todas las dictaduras, ha encontrado su némesis: así como El Capitán Fanegas tiene al Tío La Vara, el espumillón tiene a La Cinta. Así, con mayúsculas. La Cinta.

Heroicamente, la cinta decorativa de Navidad se ha abierto camino, y contra todas las adversidades, ha ido ganando terreno hasta ser tendencia. Sí, amigos, la cinta es tendencia. No sabemos si trending topic, pero todo se andará, que no hay que tener tanta prisa. Pero el hecho es que los árboles de hoy en día se visten de cintas. Hemos dicho.

¿Y dónde vais a conseguir toda la hermosa, delicada, bonita y variada cinta que necesitáis? Vaya pregunta. Je, je. ¿Dónde va a ser?