Ya está Papá Noel, agotado, enfilando el camino de vuelta a casa, marcando sus pisadas en la nieve, acompañado por su fiel reno que, exhausto tras el maremágnum de Nochebuena, mira con nostalgia el saco vacío de regalos.

Pero, ¿qué es eso que aparece en en horizonte? ¿Tres señores barbudos montados en tres camellos? ¡Vaya! Y esa mirada de soslayo que se aprecia en el rostro de Papá Noel, ¿no es un gesto de envidia? ¡Qué dura es la vida, Papá Noel! Tu tiempo ha pasado. Así que pon buena cara, y vamos a llevarnos bien, que si no va a haber hondonadas de…

En fin. No hay que llegar a esos términos. Lo cierto es que ahora piden paso Sus Majestades los Reyes Magos, que tienen muchas cosas buenas, pero una muy en particular: no tienen yernos.

Y otra cosa muy buena, es que todavía quedan un montón de regalos por hacer. Así que: ¡más madera!
-¡Marchando!

Os dejamos con unas bandejas que, no me digáis que no, están regaladas con el corazón. Además, con un portamandos, otras preciosas bandejitas de concha, con la mismísima Nefertiti en caja, pupurris decorativos diversos, una flor de loto… en fin, como decía el otro, para nadar en la ambulancia.