-Pues yo te soy del azul. Es el color del mar, del cielo, de la camiseta del Celta, de los vaqueros, de las montañas en la lejanía… si es que está claro. Azul es el color de las ranas…
-Las ranas son verdes.
-Pues la que yo digo es azul. Es que es una especie en extinción.
-Ya. Verde te voy a poner yo a tí, porque de paso, mi color favorito es el verde. Es el color de la hierba, de los árboles, de Shrek, de los guisantes con jamón pero sin el jamón, de los chistes, de la envidia, de la esperanza…
-Pues yo, la envidia no sé, pero la esperanza, con esto de la crisis, la veo más bien negra.
-Ahí iba yo: al negro. Es mi color preferido. El color de la sobriedad, de la elegancia, de la distinción, del caviar, del café bien cargado, del yin o del yang, que no me acuerdo cuál es lo blanco y cuál lo negro, de las piezas negras del ajedrez, de la ropa de Mourinho y Guardiola, que en algo tenían que estar de acuerdo…
-Pues con tanta oscuridad necesito hablar del amarillo, que es mi color: el color del sol, de las margaritas, de los campos de trigo así, cuando les da la luz como de refilón, que lo ví una vez en un anuncio de pan de molde, de los Simpson, de Bob Esponja, de los pósits, de los Ferraris…
-Oye, que los Ferrari son rojos.
-Pues el mío me lo pienso comprar amarillo, que lo sepas.
-Pues enteraos de que mi color es el blanco, que es el color de la pureza, y…
-¿Pureza tú? No me hagas hablar… En fin. Donde esté el rojo, que se quite todo lo demás. Si ya lo dicen hasta los cuentos: colorín, colorado
-Sí; todo eso está muy bien, pero os voy a callar la boca a todos con mi color preferido. A ver: ¿de qué color son los billetes de 500 euros? Violeta. ¿Alguien dá más?

Mmmmm… más que un billete de 500… no. La verdad es que no. Figúrate: con uno solo te podrías comprar toda la variedad de piezas para el baño en todos los colores imaginables de latiendawapa, y te sobraría para irte de finde a un parador a celebrarlo.

Pues lo dicho, ¿por qué no pruebas?