Hoy vamos a acabar, por el momento, con esta serie de recorridos aleatorios, posando nuestra vista ora aquí, ora alla, ora acullá, como diría el poeta. (Qué poeta tan malo, por cierto).

En fin. El caso es que nuestra atención, voluble como estorninos en busca de acomodo, como dirían en el Intermedio, se ha fijado esta vez en estos chupitos con aspecto de juego de billar. Ideales para invitar a la peña a una buena partida. El que meta bola, trago de aguardiente que te crió. Lo malo es que al cuarto chupito se confunden las bolas con los vasos, se rompen, y hay que comprar otro. Pues nada. Para eso estamos nosotros.

Si tienes algo que regalar, y tu mirada se ha detenido en estas cajas de madera de colores, estás de suerte. Vas a quedar bien, seguro. Por éstas, que te lo decimos nosotros.

Y si al regalado o regalada le gusta coser, prueba con este costurero en tonos turquesa. Y si el sujeto del regalo es viajado, ¿por qué no unas huchas internacionales llenas de grandes ciudades? Ahí podrá guardar los dólares que le sobren de sus viajes.

Claro que si el viaje lo ha hecho a Rusia, no le regales este precioso juego de muñecas rusas, porque sería como regalarle hielo a un esquimal… o como cuando estás en el extranjero disfrutando de los lugares típicos del sitio donde te encuentras, y de repente alguien propone “¡mira, un bar de tapas! ¿Por qué no vamos?” Pues porque para ir a un bar de tapas no me hace falta coger un avión, por que ya lo tengo en casa, por eso.

En fin, sin divagar. Siguiendo el recorrido aleatorio, nos topamos con una papelera, ideal método de decirle a los niños con sutileza dónde tienen que tirar las cosas… Y si tiene moto y una tapa de contador a la vista en su casa, ya lo tienes claro: como que dos y dos son cuatro, estos cuadros tapacontadores le van a flipar.

Fin del recorrido por hoy. Ya seguiremos jugando a la gallinita ciega otro día…

Permanezcan en antena.