Tés del mundo: a vosotros os hablo.

Al té negro, al té verde, al té amarillo, al té rojo, al té azul, y al té de cualquier otro color; al té de Ceylán, al té de China, al té de la India, al té de Kenia y al té del Japón; al té de marca y al té a granel; al té de las cinco y al que se toma a cualquier hora; al té de taza de porcelana y al té de vaso de cristal; al té de termo, al té frío, al té helado y al té de lata; al té solo y al té con leche; al té solo y al té con compañía; a la T mayúscula y a la t minúscula, al te quiero y al te voy a matar; en suma: a todos los tés posibles, habidos y por haber.

¡Uníos y organizaos! ¡Basta de estar dispersos por los cajones de la cocina! ¡Basta de estar separados, tirados detrás de la caja de las galletas o sofocados tras el paquete de harina! ¡Basta de vivir ajenos los unos a los otros, divididos, oprimidos! ¿No sufristeis bastante con la tiranía monopolistica de los mercaderes venecianos y de la Compañía de las Indias Orientales? ¡Liberaos! Unidos sois más. Gritad, conmigo, con una sola voz: ¡Los tés unidos, jamás serán vencidos!

Pues por eso es una suerte que tengamos en en 100×100 todo tipo de cajas para la clasificación de los tés, y que así puedan alcanzar sus metas: vivir juntos, organizados, en paz y armonía, concentrando sus sabores y aromas en un único lugar.

Cajas de madera o de bambú, con tapa transparente u opaca, grandes o pequeñas, blancas o de color… y todas ellas preciosas.

Y ahora me permitís, que me llega el momento Zen del día. Voy a escoger un té de mi caja y beberme lenta y concentradamente más de tres mil años de historia… Mmmmmm…

Hasta la próxima