A veces necesitamos que todo encaje. Que cada cosa esté en su sitio y tener un sitio para cada cosa.

El coche en el garaje, el capuchón en el bolígrafo, la camisa en la percha y la percha en el armario. El azúcar dentro de la taza, la comida en el plato y el balón en la porteria (del rival, claro). El dinero en el banco, la gente sonriendo, los amigos con la cerveza en la mano y los pájaros cantando.

Cuando no pueda ser así… mete las cosas en una caja.

Los juguetes del niño, las pulseras que no te pones, los disgustos que te dan, los veinte móviles viejos que aun no has reciclado, las conchas de la playa del año pasado, los malos recuerdos (los buenos llévalos puestos), la flor seca de quien tú sabes, las cartas de cuando tu abuelo hizo la mili, las barras de labios, los DVDs de las pelis que nunca verás, las monedas sueltas de tu viaje a Marruecos, los imperdibles que siempre pierdes, las notas que no releerás porque no recordarás dónde las guardaste, las fotos que vas a digitalizar algún día (o sea, nunca), los hilos de ganchillar, el libro de familia, los pendrive de 128 megas que en su día eran el no va más, las gafas que no te pones aunque no veas un burro a dos pasos, las agendas, los mandos a distancia, dieciocho encendedores y tres bolsitas de organza.

Para que puedas guardar todo esto y muchas más cosas en latiendawapa siempre nos preocupamos de tener todo el surtido de cajas de cartón imaginable. Grandes, pequeñas, de todos los colores, con divisiones o sin ellas…

y de repente todo en caja.