-Pongo uno, pongo dos, pongo tres, pongo cuatro, pongo cinco, pongo veintiocho, pongo ochenta y cuatro, pongo cuatro mil quinientos veintisiete con cincuenta, pongo Pi erre al cuadrado, pongo tres mil millones de billones… Nada, que no llego.
-¿Que no llegas? ¿A dónde?
-¿Pues a dónde va a ser? A ponerlo todo en el pongotodo. O sea, al todo en sí mismo. O sea, al infinito, o sea, a la nada, o sea, al vacío existencial que nos devora y nos devuelve la mirada tal que asín, no sé si mejplico.
-Ya. Explicarte, lo que se dice explicarte, no. Pero ya me dirás lo que tomas, que yo quiero lo mismo que tú.
-Sí, ríete. Pero es que es lo que tienen estos pongotodos de latiendawapa: empiezas a poner, y en un que si es no es, te entra la fiebre ordenadora y lo quieres meter todo.
-Claro. De ahí el nombre. Sino, se llamarían pongonada, o metopoco, por poner un ejemplo.
-Pues eso. Y además de caber de todo, no ocupan nada porque se pueden plegar cuando no se usan, son preciosos, troteros, baratos, y latiendawapa constantemente está recibiendo modelos nuevos, que lo sé yo; así que no sólo podré guardar un todo, sino varios ¿te das cuenta? ¡Varios todos en casa! Estoy que no quepo en mí.
-No, si ya… lo dicho: ya me dirás que tomas. En fin, aprovechando que ya has acabado de guardar te invito a algo, anda.

Pues que os aproveche, y hasta otra.

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