Sí, me llaman el Cid Flambeador. Tengo forma de pistola, y campeo a mis anchas por las cocinas. Allá donde hay un postre que flambear aparezco temible y raudo con mi boca flamígera para dejarlo todo tostado y bien tostado. Soy el terror de los postres, el Atila de la repostería.

No crece la hierba por donde paso, pero, ¿quién quiere hierba con lo ricos que quedan los postres flambeados? Con su azúcar así, crujientito, calentito, quemadito, ¡ay! y no sigo, porque me derrito… (Qué ironía, si lo que se derrite es el azúcar… qué malo soy.)

Por eso me llaman el Cid Flambeador. Porque campeo por la ancha cocina, y aun habréis de ver como gano batallas después de muerto… o eso dice la Historia.

Sólo en 100×100.