Bzzznnnniiiaaoooouuuunnngngngngngng…
Zzzziiiiioooossshhhhhhnnnnnnngghhhhhhsssss…
Bbbbbbbzzzsssssiiiiiioooonnnnnnffiiiaaaayyyuuuuunnnnnnn…

-Cari… ¡Cari!
-… zgfbsgrs… jjjjnnnnrrrrrr…
-¡Cari! ¿Estás despierto?
-Mmm… ahora sí… ¡qué remedio!
-Cari, es que hay alguien más en la cama.
-… ¿einns… cómo? Bien pensado, me parece que sí estoy durmiendo. No; mejor aun, estoy soñando…
-No, Cari, en serio, que hay alguien más en la cama…
-Sí, claro, el del butano que está haciendo el reparto anticipado. ¡No te fastidia! Anda, y déjame dormir, que hace mucho calor.
-Que no, Cari: que hay alguien más, y además me está intentando meter su apéndice por todas partes.
-¡Cómo! ¿Que está intentando qué? Churri, no me digas eso, que ahora mismo voy al garaje a por la escopeta de perdigones y se la meto al interfecto por aquel sitio, pero bien metida, así hasta el fondo, con todos los perdigones alineados y todo.
-Ay, Cari, qué impetuoso eres… ¡cómo me pone! Pero no hace falta tanto, hombre. A los mosquitos no se les mata a cañonazos: simplemente acompáñame mañana a Otracosa y compramos una de esas fantásticas cortinas mosquiteras, fabricadas en preciosos colores con una fina y delicada gasa, envolvente, suave, insinuante y sedosa, que además de parar los pies a los desalmados dípteros hará que nuestras  noches sean sugerentes y sensuales… como en las Mil y Una Noches… ¿sabes lo que te digo?
-Mmm… en siendo así, mañana mismo vamos a Otracosa, pero antes… ¿qué decías de noches sugerentes y sensuales?

Al día siguiente…

Bzzzziiioooonnnngngngngnffffiiiiiiuuuuussshhhhhhh… ¡chof!
Yyyiiiiioooouuufffffffssssnnnnngssssyyuuuuuummm… ¡chof!
Guuaaaiiiiiiiinnnggggggszzdsssuuiiiiiooohhh… ¡chof!

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