En el post anterior os hablamos de espejos, pero se nos habían quedado en el tintero un par de ellos.

¡No veáis el trabajo que pasamos para quitarlos del tintero! Ni os cuento. Imaginaos: el mayor mide más de un metro, así que tuvimos que ponernos guantes hasta el codo, cogerlo entre varios, escurrir la tinta en una bañera, coger la mangera a presión, y luego limpiarlo a fondo con un cepillito. Pero han quedado bien, ¿eh?

Bromas aparte, el hecho es que estos dos espejitos que os presentamos son una ricura, una monada, y una pasada divina de la muerte.

Este de arriba lleva incrustadas en el marco de metal piedras preciosas. Cuando digo piedras preciosas lo digo en serio: piedras preciosas, o sea, muy bonitas. Literal.

Y el de abajo, de forja haciendo flores, es una auténtica preciosidad. Te quedará bien en cualquier sitio: no sólo en ambientes rústicos, sino prácticamente en cualquier ambiente. Si os gusta en foto, os aseguramos que en directo gana mucho. Como George Clooney (os lo digo por experiencia).