Ya veis en qué hemos aprovechado el pasado puente: nos hemos ido a la Provenza francesa y hemos vuelto cargados con toneladas de ramos de lavanda, latas y jarras decorativas.

-¿Cómoooo? ¿Que hay tramos con bandas de gatas con garras desaprensivas?
-Que no, abuela, que no. No hay ninguna banda. Lavanda he dicho, Lavanda, no una banda. Que se te ha olvidado el Sonotone otra vez.
-¿Sólo pone? ¿Quién pone?
-Nooo, abuela, Sonotone. El aparato para oír.
-¿Freir? No, ahora no cocino. Más tarde. Por cierto, qué bien huelen esas flores, y que bonitas jarras habéis traído. Se ve que son de Lavanda. Y eso que no veo muy bien, que lo único que tengo fino es el oído.
-Vale, abuela. Pues para que lo veas mejor, te voy a poner la jarrita aquí, y verás que bonita te queda.

Y así le hemos puesto la jarrita a la abuela, con los ramitos de lavanda, directamente traídos de la Provenza, y nos ha quedado divino. ¿Verdad, abuela?

-¿Vino? No, hija; mejor un anís, gracias.