A estas alturas ya sabréis que nuestra vocación impenitente es daros la lata. Y que no tenemos arreglo; por lo menos es lo que opina el psiquiatra, y como nos hace descuento por ser grandes consumidores, tampoco es cosa de contradecirle…

Pero al grano, o sea, a la lata. Ayer hablábamos de latas de lavanda, y hoy nos acordamos de otros tipos de latas que tenemos en las tiendas. Latas de flores, latas de galletas, latas de Coca-Cola, latas de sopa (sí, de sopa, que sabemos poco francés, pero lo pone en la tapa)… en fin: latas para que no quede rincón de la cocina sin embellecer ni galleta sin guardar.

Y para que las magdalenas, en ese corto tramo de su vida que transcurre entre el horno y el estómago agradecido, tengan un reposo digno, que bien se lo merecen, las pobres.