Si entras en la cocina y de repente escuchas el fragor del viento batiendo en el ramaje mientras las hojas se mecen acompasadamente al suave ritmo de una cálida brisa marina, si penetras en el follaje y descubres que al rumor de los tallos de bambú movidos por el aire se añade el aroma fresco del rocío mañanero que impregna la vegetación, si percibes que el cantarín sonido de un regato de agua cristalina se abre paso en tus oídos, si la espiritualidad se adueña de tu ánimo y de tu boca salen cantatas en Mi bemol mayor de Bach, si un osezno Panda juguetea despreocupado entre los tallos y si notas que todo tu ser vibra y se adapta a la infinita flexibilidad de las cañas de bambú… no te preocupes.

Es normal.

Así que cancela la cita con el psiquiatra. Son cosas que pasan cuando nos dejamos invadir por el bambú, que es cada vez más protagonista de nuestros utensilios en la cocina. Es una madera con tantas virtudes, es tan bonita, flexible y polivalente que vale para casi cualquier cosa. Es resistente, aguanta la humedad, tiene un acabo impecable, liso y agradable al tacto, y dura más que el conejito de Duracell. Y además, rezuma espiritualidad, zen, feng, yin y yang y lo que quieras por todos los poros.

Os dejamos con algunos ejemplos, que también están disponibles en la tienda web. Posavasos, servilleteros, paneras, salvamanteles, y mucho más. Que os guste.