Para qué os vamos a engañar: cuando este joyero-libro-códice de tres plantas y ático bajo cubierta, con adornos y arabescos repujados en estaño, aterrizó en las tiendas, hubo quien levantó una ceja, así, estilo Carlos Sobrera, como mirándolo de reojo.

¡Qué sabrán de estilo! Como veréis, el aspecto es espléndido. Hasta vuestras visitas van a dudar si no fuisteis vosotros los que robasteis el Códice Calixtino. Y el interior… es de premio.

Como si de un palacio árabe se tratara, su peludo interior de terciopelo lo ha previsto todo: hay espacio para los anillos, los collares, los pendientes, incluso para guardar los bonos de la deuda del Banco Central Europeo. Hasta te quedará sitio para meter esos bombones que no quieres que nadie te coma.

Está disponible en dos colores (azul y granate) o mejor dicho, estaba, porque su éxito fue tan fulminante que nos duraron menos que la virginidad de un portero delante de Messi. Tranquilos: hay más en camino.

 

Bueno; hemos dicho Rey de los joyeros, pero ahora dudo… ¿no será Reina?