Pensándolo bien, la lluvia es muy aburrida. Siempre es igual: va el agua y cae de arriba abajo, en forma de gotas. Y siempre moja igual. Y además está húmeda, que es el principal inconveniente que le veo.

Con lo bonita que sería una lluvia seca, como, por ejemplo, de ideas, de billetes de 500 euros, de luciérnagas o de café, yuca y té, como decía el gran Juan Luis Guerra. (Prefiero la de billetes, no obstante).

Así que os proponemos una manera de hacer que la lluvia no sea tan aburrida: amenizar tus paraguas.

Basta de paraguas clónicos, lisos, irrelevantes. Desafía al agua con estilo. Con rayos, con paisajes, con ninfeas de Monet, con lirios de Van Gogh o con un cielo azul. Para que aprenda, la lluvia.

Estarás deseando que llueva.