Hasta he probado con mis poderes mentales. Sí, no os riáis, que mi abuela me decía que yo tenía poderes, que bastaba con que me concentrara y se le cortaban las natillas. Pero ni con esas las puertas dejan de golpear. Iba a tirar la toalla y admitir la superioridad de las puertas sobre los seres humanos, cuando ví estos topes de puerta de latiendawapa.

Son de tela de lino rellena con arena, para que pesen. Y son preciosos. Desde entonces todas las puertas han vuelto al lugar que les corresponde: el silencio y la sumisión al homo sapiens. O a lo mejor es que le tienen miedo al bicho este de ahí arriba, con esa cara. Con lo bueno que es.