—¡Cari! Se ha congelado el pajarito.
—¿Que se te ha congelado el pajarito? ¡Dios mío! ¿Y ahora qué vas a hacer?
—No, que no me has entendido. A mí no se me ha congelado nada, gracias a Dios. Se ha congelado el pajarito, el que hace pío-pío. Bueno, hacía. Ahora ya no hace nada y está más tieso que el presupuesto del gobierno en educación, el pobre.
—No, si ya te dije yo que era mala idea dejarlo por la noche a la intemperie, con este frío. Pero se ve que a tí también se te han congelado las ideas.
—¡Qué va! Si precisamente tengo otra idea: ¿y si lo metemos en el microondas a ver si revive?
—Ya. ¿Y por qué no te metes tú el pajarito en el microondas y luego me cuentas?
—Mujer, si yo era por ayudar…Fiambreras para congelador y microondas

Bueno: abandonamos esta surrealista conversación antes de que suba de tono, pero el hecho es que, bien por el frío que hace estos días o bien por haber escuchado las palabras frío, congelador y microondas, nos ha venido a las meninges el producto que os presentamos hoy: estos botes de congelar de cristal (o tarros, tappers, fiambreras o como los queráis llamar).

Son de cristal  especial y tapa hermética, lo que los hace aptos tanto para el congelador como para el microondas. Son los todoterreno de la conservación de los alimentos.

Congelas, descongelas. Descongelas, congelas. Y todo en el mismo bote. Preparado para resistir temperaturas bajo cero, hasta -20º, y altas temperaturas de horno, todo en uno. Los hay redondos, cuadrados, más grandes y más pequeños.

Pero si se os congela el pajarito, por favor, enterradlo como Dios manda.