—¡A ver, tú!
—Quién ¿yo?
—Si, claro tú, ¿quién iba a ser si no hay nadie más?
—No, si ya, pero es que no estoy acostumbrada a que me hable una caja.
—Pues vete acostumbrándote, porque yo no solamente hablo, sino que ordeno. ¡Yo soy la caja que ordena! Así que vamos a empezar. Esas zapatillas con nariz de osito que te regaló tu cuñada y que no usas, a la caja. Ya te las pondrás cuando venga ella. Ese jersey que no te pones, a la caja.Caja plegable de cartón
—Ya, pobre. ¡Es que en la tienda parecía tan bonito!
—Claro. Como si no supieras que el fondo rosa con lunares verdes no pega bien. Seguimos: la motosierra de juguete del niño, a la caja. Que la única vez que la usó le cortó la cabeza a la muñeca de la niña y acuérdate del pollo que se montó. Y el aparato de hacer gimnasia no, porque no cabe, pero hija, si es que no has dado ni tres pedaladas.
—Sí, ya. Pero las dí con muchas ganas, que conste.
—La jarrita ‘Recuerdo de Benidorm’ de tus padres, a la caja también. Como es de 1972, no creo que se acuerden. Y la colección incompleta de dedales, a la caja. ¡Si tú no coses! Y el aparato para la celulitis, y la yogurtera, y el cascanueces a pilas, y el teléfono móvil de 1993, y el dispensador de comida del gato, y…
Caja de cartón plegable—¡Oye! Es que me parece que a ti, además de ordenar, te gusta mandar.
—Ya ves, hija. Cuestión de carácter. Como soy tan recta, tan lustrosa, tan bonita, tan reforzada, tan lisita, con tantos colores tan bonitos, una se crece… qué le vamos a hacer.

Y es que nos lo ha sacado de la boca. Si necesitas una caja de ordenación fuerte, con carácter, de cartón de 1.500 grs/m2, con refuerzos metálicos y con colores rotundos, aquí la tienes. Y además en varios tamaños para que no te quede nada sin guardar.

Ni siquiera el jersey rosa con topos verdes.