—Verá, Doctor, es que todo el mundo me pisa.
—Mmmm… curioso. ¿No se le ha ocurrido pensar que eso le pasa porque es usted un felpudo?
—Sí, ya sé que soy un felpudo, de coco con base de goma y muy original por cierto, pero es que yo Felpudo (ampliación)quería que me trataran de otra forma. No sé… con cariño, con ternura, no con los pies dale que te pego. Es que yo tenía ambiciones ¿sabe? Mi madre, que era alfombra, me decía: “hijo, no dejes que nadie te pise…”
—Ya. Pero es que todo es relativo: sería peor si le hubiera tocado ser balón de fútbol, por ejemplo. ¿Se imagina a patada limpia todo el día?
—Peor, depende: ¿y si me chutan Iniesta, o Cristiano? ¡Ah, qué gozada!
—Ya. Claro que podría chutarle Pepe…
—Ah; en ese caso casi prefiero ser felpudo.
—Pues aun se lo voy a poner peor: podría haberle tocado en suerte ser orinal. ¿Qué me dice?
—¡Nos ha j*****! Pues si nos podemos a imaginar, también me podía haber tocado ser bata de Charlize Theron, no te fastidia. O corcho de botella Gran Reserva, o maneta de la Detalle del felpudopalanca de cambios del Ferrari 458, o preservativo de la mesilla de George Clooney… ¡ay, cuántos destinos me he perdido en esta vida!
—Bueno: ya lo tengo claro. Lo suyo es un caso claro de complejus felpúdicus agudum. O sea, un complejo de felpudo tan grande como el ego de Mourinho. Que le falta cariño, vamos. Pero tiene cura: no tiene más que ponerse en el escaparate de latiendawapa. Y en cuanto le empiecen a comprar sus clientes ya verá cuánto le quieren y qué bien le tratan.
—Mmmm… ¿sabe, Doctor? En ese caso, ya estoy deseando que me pisen.
—Ya. Como se nota que es usted un felpudo…