Ayer comenzamos una serie de posts dedicada a las cosas ricas (a las de comer, no a la caja fuerte del Banco de España): hablábamos de la repostería entendida como una de las bellas artes.

Porque para que nuestra creatividad culinaria se pueda expresar en todo su esplendor, oliendo a nueva como un coche recién comprado, necesitamos utensilios de cocina que estén a la altura. De lo contrario, nuestra creatividad acabará oliendo como un coche del plan Pive. Y no queremos eso, ¿verdad?Moldes-cupcakes-9

Ayer hablamos de utensilios y hoy toca hablar de moldes de cocina y repostería. Y hay mucho de qué hablar, porque los moldes de cocina son la segunda cosa más variada de la Naturaleza, después de los cortes de pelo de Neymar.

Nuestras creaciones reposteras no son nada hasta que no van al horno, y ahí es donde no hacemos nada sin un buen molde. Hay moldes para cupcakes, moldes para magdalenas, moldes para galletas, para bizcochos, para flanes, para tartas, para quiches y para mil y una cosas más.

Moldes para reposteríaHay moldes de silicona y de acero; moldes cuadrados y redondos; con asa y sin ella; desmontables y montados, bonitos y feos… bueno no; feos no los hay. Y todos, sin excepción son duraderos, antiadherentes y sobre todo higiénicos: tienen el mismo apego por las bacterias que los políticos por sus votantes.

Y de la importancia de la higiene no hace falta hablar. En tiempos de la Revolución Francesa, por ejemplo, la higiene era tan lamentable que si te guillotinaban y no te morías del tajo te morías de la infección. Porque no tenían moldes de silicona.

Gracias a Dios nosotros sí y ahora ya podemos hacer maravillas en la cocina. Así que vamos a medias: nosotros ponemos los moldes y vosotros el talento repostero. ¿Hace?