Vivimos en una época en la que los relojes se han vuelto tan inteligentes que tanto nos arreglan una cita con el dentista como nos avisan de que se nos ha corrido el rimmel (dicho sea con perdón.)

Por eso es necesario avisar que estos estupendos relojes murales autoadhesivos que os presentamos hoy son tontos. Pero tontos, tontos, ¿eh? O sea, auténticos cenutrios. Ni se te ocurra llevarlos a Pasapalabra, porque vas a hacer un papelón.

Reloj mural acabado madera

La lista de cosas que no pueden hacer es extraordinaria: no pueden ver el correo ni sellarte la primitiva; no te llevan las zapatillas al sofá ni te saben decir por dónde se va a la Plaza Mayor. Tampoco tienen ni idea de cuánto ajo hay que echarle al alioli ni si el malva de la blusa de tu hermana combina con los zapatos de la boda. Un desastre.

Son tan tontos, que ni se darían cuenta si les quitas la pila y se quedan parados (aunque en ese caso, por lo menos darían la hora buena dos veces al día.)

Pero por lo menos, hay que decir que las únicas dos cosas que saben hacer nuestros relojes autoadhesivos las bordan: molar y dar la hora. Porque son molones, decorativos y originales como ellos solos.

Detalle del reloj de pegar

Son relojes corpóreos, y con esto no queremos decir que los demás relojes sean ectoplasmas, sino que están compuestos por piezas independientes de goma Eva de 8 mm de grosor y varios centímetros de alto, que se pegan a la pared formando la combinación que tú elijas.

Puedes elegir la disposición de los números… hasta cierto punto, claro: siempre sería conveniente que el 12 estuviera arriba y el 6 abajo. A no ser que vivas en Nueva Zelanda, en cuyo caso estarás cabeza abajo y como te pasarás el día mareado no te hará falta reloj.

Una vez pegados en la pared tienen una envergadura aproximada de 60 cm. Y los tienes en varios colores para elegir. Pinchando en el botón de abajo puedes comprobar los relojes que hay disponibles en la tienda en cada momento.

¡Vamos a ver los relojes de pegar en la pared!

Reloj de pared autoadhesivo