Elegir los colores adecuados a la hora de decorar es uno de los grandes retos de esta vida. El otro es salirte de un grupo de Whatsapp sin que se entere nadie.

Respecto al primer problema, puede parecer que los colores básicos, es decir el rojo, verde y azul son los protagonistas de nuestra decoración, pero no es así.

Por supuesto que tenemos objetos rojos, verdes y azules, pero si echamos un vistazo a la mayoría de los hogares, los colores que predominan son otros.

Como los mil y un acabados de la madera. O los tonos beiges y ocres de muchos elementos de textilhogar y complementos, como cortinas, cojines y alfombras.

Felpudo azul
Decopared jeep rojo
Felpudo verde fútbol

También estamos rodeados de blancos, tanto en estado puro como los blancos rotos que presentan algunas paredes, cuando no los amarillos pálido, ocres y grises de los que hacen gala otras.

Y del mismo modo muchas cosas de casa, complementos de hogar y accesorios de cocina y baño vienen en infinitas variantes de tonalidades intermedias de colores suaves y muchas veces indeterminados (incluido el color culo de mosca).

Los colores básicos y la decoración

Entonces, ¿dónde están los colores básicos? ¿Es que los tenemos que desterrar de nuestra decoración?

¡Nunca!

Los colores básicos, fuertes, rotundos y llenos de personalidad son el complejo vitamínico de nuestra decoración a la que nunca debemos renunciar, del mismo modo que Cristiano Ronaldo nunca renuncia a su foto veraniega marcando abdominales.

Ambientes monocromáticos...

Con los colores básicos podemos crear ambientes monocrómáticos para cuando queramos crear decoraciones muy definidas que marquen tendencia.

Eso sí, cuando creemos estos ambientes tenemos que cuidar muy bien de complementarlos con colores tranquilos que los atemperen, o crear contrastes que busquen la pausa entre el color básico y el secundario. El blanco, por ejemplo hace por lo general un separador estupendo.

Puffs blandos de color rojo
Salón con puff y alfombra

... o ambientes con mezcla

Aunque lo más normal es que utilicemos los colores básicos no como base de la decoración, sino como herramienta para enfatizar nuestros ambientes, creando puntos de atracción y de color, tanto salpicados de manera calculadamente aleatoria, valga la contradicción, como creando islas de color convenientemente estudiadas.

El rojo

El rojo es el color de las amapolas, de los tomates, de las sandías por dentro, del boli Bic (rojo), de los domingos en el calendario, de la alfombra de los Oscar, de la sangre y de los Ferrari.

Significa parar en los semáforos, expulsión en el fútbol y rubor en la cara.

Se asocia al carácter, a la energía, a la pasión. Es el color del demonio, pero también de los hábitos de los Cardenales (eso sí que es poner una vela a Dios y otra al Diablo).

Es un color que destaca y que significa dinamismo, extroversión, fuerza y deseo.

En la decoración y en las cosas de casa puedes usarlo para enfatizar ambientes, para dotar de vida lugares apagados y para poner un poco de carácter en aquellos lugares de tu hogar que se hayan quedado más apagados.

Tienes alfombras rojas para vestir el suelo, toallas y accesorios para el cuarto de baño, puffs y muchos otros complementos de decoración con los que puedes dar ese toque de vida extra a tu hogar.

Combínalo con el blanco o el negro, con el que hace un fantástico contraste. Y combinado con el verde hace una fantástica bandera de Portugal.

El verde

El verde es el color de las sandías por fuera, del boli Bic (verde), del billete de mil pesetas que en paz descanse, de la hierba (de la que no se fuma, ¿eh?) y de la buena suerte (¿cuándo has visto un trébol de 4 hojas que no sea verde?).

El verde significa pasar en los semáforos, peligro en una serpiente venenosa y relajación en el bosque.

Se asocia a la fertilidad, a la esperanza y al dinero. Igualmente al progreso, la naturalidad y el desarrollo, aunque también es el color de la envidia (y de las endivias).

Es el color de la naturaleza, de las plantas y los árboles. De hecho nos gusta tanto que nos pasamos la vida poniendo verdes a los demás, sobre todo cuando no nos escuchan.

En cuanto a la decoración, tanto da una alfombra para el suelo, un estor para la ventana o un puff para sentarse: el verde siempre aporta en las cosas de casa naturalidad y viveza, pero sin la agresividad y dominancia del rojo. Como Andrés Iniesta, destaca a su pesar de manera tan discreta como efectiva.

El azul

El azul es el color que predomina en nuestro planeta, en el cielo que nos cubre y en el mar que llena las tres cuartas partes del globo.

Paradójicamente está ausente en otras cosas: ¿no te has fijado que casi no hay nada de comer que sea azul, aparte del Sugus de piña, y que no hay animales de ese color, aparte del pájaro de twitter?

Sin embargo, es el color del boli Bic (lo has adivinado: del azul), del monstruo de Monsters, y si hubieras nacido en Avatar serías azul. Pero el azul no sólo le gusta a Pocoyó o a los Pitufos: tu decoración se puede llevar muy bien con él.

Por ejemplo, en el cuarto de baño es donde el color azul es más agradecido, tal vez porque allí donde hay agua nos remitimos al mar y a los colores marineros, con el azul y el blanco como colores bandera. En caso de duda, un baño con azul es siempre un acierto seguro, para las toallas y los accesorios de tocador.

Es un color ecléctico, que en cristiano viene a significar que vale para todo: por un lado es un color frío pero que también puede ser cálido y luminoso. Es un color que transmite confianza y tranquilidad. Se asocia con la confianza, la simpatía y la permanencia.

Es eterno como el cielo y fluido como el mar, si nos permitís ponernos poéticos, pero también es práctico como la vida diaria y cotidiano como el pan nuestro.

En las cosas de casa encontrarás azul en multitud de complementos de hogar. Te puedes sentar sobre cojines azules, ordenar en cestas y pongotodos azules y limpiarte los pies en la entrada con felpudos azules.

En resumen: usa los colores básicos en tu decoración sin miedo y con inteligencia.