9 errores habituales al elegir alfombras

Como en todos los aspectos de la vida, a la hora de elegir alfombras se suelen dar los consejos en positivo, o, dicho de otra forma, sobre cómo elegirlas correctamente.

Pero hoy vamos a hacer un poco de ingeniería inversa y explicarte cómo NO hay que hacer las cosas a la hora de elegir una alfombra.

Porque no hay mejor manera de evitar un desastre que aprendiendo sobre otro desastre.

Como dijo Schopenhauer: una alfombra bien elegida queda que te cag** y te ahorra muchos problemas (bueno, a lo mejor no fue Schopenhauer pero es una gran verdad).

Así que vamos a repasar los principales problemas en los que nos podemos meter a la hora de elegir una buena alfombra y que impiden que disfrutemos de suelos bien vestidos, alfombrados y decorados.

Para que después nunca digamos «¡tenía que haberlo pensado antes!»

Alfombra de polipropileno

1

Nunca elijas alfombras con prisas

Muchas veces los causantes de los desastres son las prisas, que son causa de todo mal. Por eso aquél rey de hace varios siglos le dijo a su lacayo «vísteme despacio, que tengo prisa». Y eso que no tenía que ponerse mascarilla.

Elegir alfombra debería ser un proceso lento, reposado y pausado, como saborear un buen café o sentarte a ver «El Irlandés». Cosas que no se pueden hacer con prisa sin riesgo de estropearlas.

2

Decide la alfombra en conjunto con el proyecto entero

Alfombra de chenilla

La decoración debería entenderse como un conjunto en el que el resultado final fuera mejor que la suma de las partes. Como el bacalao y las pasas.

No siempre se puede, pero cuando fuera posible deberíamos estudiar la decoración (muebles, colores, luces y alfombras) como un todo, porque los elementos de la decoración se influencian mutuamente.

Decorar con cosas sueltas dejando, por ejemplo, la alfombra para el final pensando que cualquiera vale puede acabar en una decoración que sea como el monstruo del Dr. Frankestein. Que majo sí era ¿eh?, pero bonito, lo que se dice bonito, pues no.

3

Lo clásico: alfombra demasiado pequeña

Elegir una alfombra demasiado pequeña es un clásico de los horrores -perdón, errores- a la hora de elegir alfombras.

Lo más asombroso es que las alfombras demasiado pequeñas tienen una característica muy curiosa: quedan peor que no poner ninguna alfombra.

Una alfombra demasiado pequeña te impide aprovechar la oportunidad de decirle a tus visitas que no eres cutre; ridiculiza el espacio y todo lo que le rodea; va gritando a quien la vea que hay algo escaso y descompensado en tu decoración.

Como elegir el tamaño adecuado es un arte, y no precisamente fácil, en este otro post te hablamos de cómo elegir la medida de la alfombra.

Cómo elegir la medida de las alfombras

4

Otro clásico: alfombra demasiado grande

A la hora de evitar elegir una alfombra demasiado pequeña es fácil caer en el lado oscuro de la fuerza y elegirla demasiado grande. Es otro error clásico a evitar.

Sí que es cierto que si tenemos que equivocarnos un poco, siempre es mejor un poco más grande que un poco más pequeña (hablamos de alfombras). Pero una alfombra excesiva quedará apabullante, sobresaldrá por todos lados y ninguneará a los demás elementos de decoración.

Así que antes de poner una alfombra infinita, como el asombro de un niño, busca la medida justa en el post que te recomendamos en el apartado anterior.

5

No elegir el material adecuado

Alfombra de vinilo

¿Alfombra de cachemir en la cocina? Hhmmm. ¿Alfombra de pelo largo en el recibidor de una casa de campo? Brfffsss. ¿Alfombra densa y gruesa en una habitación calurosa? Grggghhh. ¿Alfombra delicada en un pasillo transitado? Aarghhhss…

Como se nos acaban las onomatopeyas, sentamos sin más el principio: a la hora de elegir alfombra, el material de la alfombra es quizá más importante que su aspecto.

Los ambientes calurosos necesitan alfombras de tejido frío y pelo corto; los sitios transitados, alfombras vinílicas o sintéticas. Las cocinas y terrazas alfombras resistentes y lavables; las habitaciones infantiles alfombras prácticas y trotonas. Y así ad infinitum.

Cada material con el que se pueden hacer alfombras tiene un rango de uso dentro del cual es muy fácil adaptar el color o textura a lo que queremos. Pero el material debe ser lo primero a integrar en el lugar, y no al revés.

6

No usarlas en exteriores

Alfombra de exterior

Cuando pensamos en alfombras pensamos automáticamente en alfombras para interiores. Tal vez porque antiguamente apenas había buenas alfombras de exterior, o las que había eran del tipo de las que se utilizaban en las fábricas de las novelas de Dickens.

Pero hoy en día hay extraordinarias, variadas, acogedoras y coloridas alfombras de exterior que podemos utilizar en nuestras terrazas, porches y jardines. No renuncies a tu picnic o comida al aire libre sin tu alfombra, porque aunque parezca poca cosa, una mesa de jardín con su alfombra es otra cosa, como si de repente adquiriera la dignidad que parece que solo tiene el mobiliario de interior.

Además, hay alfombras que puedes usar en plan nómada, es decir, ahora la muevo para dentro, ahora la saco afuera. No protestan y son agradecidas. Por supuesto, este tipo de alfombras de exterior son de vinilo o polipropileno, los materiales casi «obligatorios» para las alfombras de exterior.

7

Demasiado lisa (o demasiado estampada)

Alfombra blanca con pelo corto

¿Alfombra lisa o estampada? ¿Qué le regalo a mi suegra? Estas son dos de las dos grandes dudas de la Humanidad. Para la segunda pregunta no tenemos respuesta, pero la primera es un poco más fácil.

Como dijimos antes, la decoración ha de verse en su conjunto, así que la respuesta es: depende. Y no es porque seamos gallegos (que también) sino porque el entorno con el que va a combinar es decisivo.

Un estampado puede servir de revulsivo para una decoración con tonos lisos y poco relieve. Por contra, si tienes paredes con papel pintado, o muchos cuadros, o sofás con dibujo, tal vez sea mejor que la alfombra serene el ambiente con un color liso, buscando contraste.

Eso sí: en caso de duda siempre es más fácil acertar con un color liso que con alfombras estampadas. Y jugando con el color puedes subir el tono de la decoración si un tono liso te parece poco destacado.

8

No combinar las alfombras entre ellas

Alfombras de chenilla

Muchas veces el enemigo de una alfombra es otra alfombra. Porque a la hora de alfombrar no tenemos en cuenta el impacto de una alfombra sobre otra contigua y no las armonizamos bien.

Pero fijaos que hemos dicho armonizar, que no necesariamente significa que tengamos que poner juntas alfombras iguales o del mismo tipo.

Es imposible buscar patrones en un mundo tan vasto como los tipos de alfombras, pero en un mismo ambiente podemos tener una alfombra vinílica, por ejemplo en el comedor, y dos metros más allá una alfombra de chenilla, viscosa o polipropileno en la mesa del salón.

Lo que les va a dar el nexo de unión es el estilo de la decoración y su coherencia, del mismo modo que nos ponemos esa blusa con esa chaqueta, porque parece que nacieron para ser pareja de hecho. No tengas miedo a yuxtaponer (o incluso superponer) alfombras, pero úsalas para crear contrastes ricos en texturas y coloridos, que al fin y al cabo, se transforman en sensaciones (¡para eso decoramos!)

Alfombra negra y gris polipropileno

9

Pasillos: el ancho justo y ojo a las rayas

Los pasillos son un microcosmos en el mundo de las alfombras, y elegir una buena alfombra pasillera también tiene ciencia.

Una alfombra de pasillo debe iluminarlo si es oscuro, alargarlo si es corto y acortarlo si es demasiado largo. La alfombra alargada proyecta el pasillo y lo define, permitiéndonos modificar su percepción visual.

La proporción de ancho es fundamental: una alfombra pasillera debería cubrir el 70% del ancho dejando un 15% a cada lado. Busca colores claros si el pasillo está mal iluminado y viceversa. Si la alfombra tiene rayas, piensa que si las colocas longitudinales te lo va a alargar extraordinariamete, y a no ser que busques eso expresamente te puedes arrepentir.

Y para un pasillo no pienses en otro material que no sea vinílico o polipropileno: son alfombras finas, súper resistentes, no se estropean y se limpian con facilidad. Justo lo que necesita una alfombra de pasillo.

Alfombra de vinilo de pasillo

Hay más errores con los que podríamos seguir hasta el infinito y más alla: elegirla demasiado austera, demasiado recargada, demasiado calurosa, demasiado delicada…

Pero al final es como todo en la vida: la prueba está en cómo elegimos nuestras parejas y amigos, que si lo miras bien, cada uno cojea de algo. Y eso es lo bueno.

Así que piénsalo bien, elige tu alfombra y ¡disfrútala!

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